Dossier 1. Para entender lo que está pasando en Palestina

  Contenido: PARTE I. Historia de una resistencia y lucha: 1. Conflicto Israel-Palestina: una breve historia en map...

Preguntas y reflexiones éticas sobre la reciente visita de un agresor

El pasado miércoles 9 de marzo, el senador priísta, Francisco Labastida Ochoa, visitó la Facultad de Economía invitado por Juan Pablo Arroyo.

¿A qué venía este señor? ¿A discutir con la comunidad? ¿Qué debía hacer la comunidad consciente? ¿Pasar por alto el historial de este señor y concentrarse en sus “propuestas”? ¿Cómo enviar un mensaje contundente de que hay quienes resisten contra las políticas entreguistas de estos personajes? ¿Debatiendo con ellos en un foro, o haciéndoles saber que no son bienvenidos?

¿Qué posición era la mejor, para los fines de quienes luchan por la transformación de este país?


  1. ¿A qué vino Francisco Labastida?

No caben especulaciones al respecto, quienes afirman que vino a “dialogar” con la comunidad, están pasando por alto que el auditorio estaba lleno de personas externas a la Universidad, priístas venidos de muchos estados del interior de la república; están haciendo caso omiso de que el PRI y su candidato Peña Nieto, están buscando generar condiciones para ganar las elecciones del 2012; no toman en cuenta que Manlio Fabio Beltrones (y su enviado Labastida) está peleando desde el Congreso la candidatura priísta, y usa la reforma hacendaria como trampolín político, simulando que bajan impuestos para ganar simpatías, cuando en realidad se trata de una reforma regresiva. En pocas palabras, la visita de Labastida no era para ningún diálogo académico, se trataba de la campaña política de una fracción del PRI que intenta usar a la UNAM para escalar en las preferencias electorales.

No seamos inocentes. A Labastida no le interesa la opinión de la comunidad universitaria. Si le interesara, no hubiera intentado privatizar la UNAM hace 11 años desde la Secretaría de Gobernación, ni hubiera creado a la PFP, policía militar que unos meses después asaltaría la Universidad y encarcelaría a más de mil estudiantes.

Si este personaje (como todos los de la descompuesta clase política que sufrimos en el país), escuchara al pueblo, no se hubiera robado casi 500 millones de pesos de PEMEX para su campaña en el año 2000; no hubiera, desde la presidencia de la Comisión de Energía del Senado, apoyado el desmantelamiento de Luz y Fuerza del Centro para avanzar hacia la privatización de la industria eléctrica en México; no impulsaría los actuales “contratos incentivados” de PEMEX, que permiten a las petroleras trasnacionales apoderarse de los pozos maduros de crudo, etc.

¿O alguien cree que, después del acto, el senador hubiera modificado, aunque sea una coma, su propuesta hacendaria por las observaciones de los universitarios? ¡Claro que no! Ellos están acostumbrados a imponer, no a escuchar.

Hay quienes dicen que al pobrecito Labastida “se le coartó su derecho a la libre expresión”. Pongamos eso en la balanza: ¿cuándo los senadores han permitido al pueblo dar sus opiniones el en Congreso? ¿Ellos nos permiten libre expresión? ¿Nos escuchan antes de aprobar sus reformas? ¿Dan la palabra a los millones de afectados por sus políticas criminales?

Viene a la UNAM por el efecto político que tiene, mostrando que “el PRI dialogó con los Universitarios”, o que “en la UNAM se aplaudió la reforma hacendaria del PRI”. Con todo el acarreo priísta presente en el auditorio, no podíamos esperar otra cosa. Pero no pudieron. Esta vez la rebeldía pudo más que su arrogancia.


  1. ¿Quiénes lo invitaron y para qué?

Juan Pablo Arroyo, Consejero Técnico del área de Historia, se ha adjudicado, en una carta llena de mentiras dirigida al director Lomelí, la autoría de la invitación a Labastida. Es él quien encabeza la exigencia de que se sancione y “se aplique lo que la legislación universitaria establezca” a los activistas estudiantes, profesores y trabajadores que participamos en la protesta.

El mismo director Leonardo Lomelí se unió al griterío del 9 de marzo diciendo amenazante y con el rostro descompuesto que “no se puede permitir que un grupúsculo impida a la comunidad escuchar todas las voces”, y luego sacó un comunicado en el que amenazó hasta con expulsiones a los que propiciaron “la salida obligada” de Labastida del auditorio Narciso Bassols. Vaya desfachatez del director, teniendo a Labastida a un lado, llama “grupúsculo” a los inconformes de la comunidad que dice representar. El grupúsculo son ellos, los miembros de la mafia política que tiene apañado este país bajo sus intereses. Grupúsculo son las autoridades de la UNAM, que mantienen una arcaica y cuasi feudal forma de gobierno por encima de la voluntad de más de 300 mil universitarios.

Nos matan de risa cuando dicen que estaban en un acto académico. Invitaron a estudiantes becados y a una entrega de premios para cubrirse las espaldas y hacer más difícil una posible protesta contra la presencia del dinosaurio priísta en Economía. Pero quienes vieron la propaganda, era claro de lo que se trataba: la presentación de la propuesta del PRI de reforma hacendaria. No para debatirla, sino con todas las condiciones construidas para presentarla al país, con bombo y platillo, desde la Universidad Nacional.

Hoy, las autoridades de la Facultad no actúan como quienes, desde la nube de la imposible imparcialidad, quieren garantizar “la expresión de todas las ideas”. Por el contrario, actúan con la rabia de quienes fueron evidenciados en su intentona de escalar políticamente dentro y fuera de la UNAM. Y están particularmente molestos con los trabajadores del STUNAM, porque para su concepción, los compañeros no son parte de la comunidad, sino un mal necesario. La actitud que ha mostrado el director Lomelí y las autoridades en su conjunto en contra de los trabajadores, impidiéndoles laborar, negando el pago de horas extra, atacándolos y amenazándolos todo el tiempo, es prueba de ello. Por fortuna, los trabajadores de la Facultad de Economía, con la cabeza en alto, han sabido luchar y defender sus derechos en contra de la prepotencia de la autoridad.

El sólo hecho de amenazar con sanciones a los que protestan, refleja la intolerancia y la prepotencia de las autoridades. Que no se les ocurra generar un conflicto mayor dentro de la Facultad. Indignarse y protestar pacíficamente, no es ninguna falta.

Dice Juan Pablo Arroyo en su carta que los que nos manifestábamos “agredimos” y dimos “empujones” a los “estudiantes de primera fila”, y que por la parte trasera los trabajadores “con el mismo nivel de agresión” e “intentos de golpes” (sic!) escandalizaron el recinto. Qué poca vergüenza señor Arroyo, siempre se ha manejado usted a base del rumor, la mentira y la amenaza, pero ha caído ya muy bajo. Existen decenas de testigos, y se han publicado ya diversos videos de los hechos y no existe ninguna imagen de agresiones físicas, ni empujones ni “intentos de golpes” durante la protesta, porque no los hubo. Sus mentiras lo ratifican como un vulgar politiquero.

A falta de argumentos y pruebas, quiere hacer creer que hubo violencia para legitimar una posible sanción contra los manifestantes.


  1. ¿Qué actitud deben asumir los que queremos un país mejor?

En ese contexto, ¿qué debía hacer la comunidad, y en particular, los estudiantes, profesores y trabajadores conscientes? ¿Debatir las ideas del senador? ¿Dar argumentos para “demoler” la propuesta priísta? ¿O encararlo, y hacerle saber, a él y a todo el país, que en la UNAM los que atropellan los derechos del pueblo no son bienvenidos?

Lo planteamos sinceramente, compañeros: ¿cuál hubiera sido la noticia si, en vez de repudiarlo, hubiéramos permitido que Labastida presentara la propuesta de Beltrones? Que “la Facultad de Economía de la UNAM aplaudió la Reforma Haciedaria que Beltrones presentará ante el Senado”, ¿no?. No había las condiciones para un debate, la mesa estaba controlada totalmente por Arroyo y las autoridades, no había ningún profesor o investigador serio que, académicamente, abordara la reforma hacendaria.

No se trata de falta de argumentos, sino de memoria histórica. ¿Cómo ser tolerante con quien jamás ha respetado al pueblo? ¿Cómo intentar debatir con quien nunca nos ha escuchado?

¿Se coartó el “derecho de expresión” de Labastida? ¡Pero si él, como pocos en el país, tiene el poder para hacernos llegar todas sus ideas y propuestas a través de la televisión, la radio, los periódicos, etc., etc., etc.! A este señor lo hemos escuchado cientos de veces, ahora, por una vez, le tocó a él escuchar y ser testigo del descontento de la comunidad. Si querían el aplauso fácil, están muy equivocados. No nos engañan. Hace tres años subieron los impuestos y empobrecieron aún más al pueblo; hoy mienten cuando dicen que bajarán el IVA. Están tan acostumbrados a usar el dinero del pueblo para sus intereses, que piensan que tomaremos la supuesta baja de impuestos como un regalo de su parte. ¡A otro lado con su farsa!

Si el periodista iraquí, en vez de lanzar su zapato a Bush y expresado con ello la indignación mundial contra la guerra, hubiera preferido asaltar al genocida con preguntas incisivas, ¿alguien hoy recordaría el hecho?, ¿hubiera jugado algún papel mediático de relevancia? Claro que el periodista tenía argumentos de sobra, pero su acción fue una verdadera muestra de dignidad y firmeza, que le dio la vuelta al mundo y avivó el fuego de la resistencia mundial contra la guerra en Irak. O en Ciudad Juárez, si la madre Luz María Dávila que sufría por el asesinato de dos de sus hijos en medio de la guerra contra el narcotráfico, en vez de enfrentar a Calderón hubiera decidido “ser tolerante y dialogar con él”, ¿habría impactado del mismo modo al pueblo de México?

Es por todo esto que estamos convencidos de que increpar a Labastida hasta que este abandonara el auditorio de Economía fue un acierto; un triunfo para el movimiento progresista en la Universidad.

Televisa nos dice, día y noche, que la tolerancia “es un valor único”. El IFE nos bombardea con que “la tolerancia es el valor de la democracia”... hemos crecido con la idea de que “tolerar” es un principio básico e inviolable de la vida en sociedad. Lo que no dice el poder mediático es tolerancia para qué, o tolerancia hacia qué. ¿Debemos aguantarlo (tolerarlo) todo? ¿Hasta cuándo?

Vienen, te saquean, te reprimen, nunca te escuchan, se burlan de ti, y cuando los tienes enfrente... “no lo increpes, escuchalo, no seas antidemocrático, ¡se tolerante!”.

Esa es la voz de la autoridad y de los que, ligera e inocentemente, defienden la “tolerancia” a capa y espada como un valor universal. En cambio, la voz de los estudiantes, profesores y trabajadores de abajo, del pueblo, es la de la irreverencia y la rebeldía, fundamentales para lograr un cambio verdadero en este país.

La Facultad de Economía sí necesita más análisis y discusión sobre las reformas hacendaria y laboral, sobre la política económica para hacerle frente a la crisis y crecer, generando oportunidades a los jóvenes hoy abandonados, y muchos puntos más. Pero traer a las discusiones que se presumen de académicas y serias, a políticos de carrera que se han servido durante décadas del presupuesto para alimentar su corrupción, no es más que una franca provocación.

Entre la comunidad, la expresión y el debate de todas las ideas.

A los principales agresores del pueblo, ¡repudio total!

CGH Economía

Marzo de 2011

1 comentario:

  1. Totalmente de cauerdo o sea que ese tal Labastida si pretende lanzar su iniciativa econòmica o iniciativa energetica, pues que no pretenda hacerlo en la UNAM, por eso tiene su espacio en el senado, que le pregunte al senador Gòmez que opina, para que le ponga los puntos sobre las ies y eso de ser tolerantes pues ni al caso, tercer gasolinazo del año y tenemos que ser tolerantes con el senador Labastida, chale...

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