sábado, 16 de junio de 2012

Relatoría no oficial de la 2a Asamblea Interuniersitaria (11 y 12 de junio)



Auditorio de la Universidad Iberoamericana y auditorio Lénin del IPN

Antecedentes:

La primera Asamblea Interuniversitaria de voceros y representantes, efectuada en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, decidió que las asambleas son abiertas a todos, con voz para todos, y voto sólo para voceros.

El argumento de los que pretenden revertir este lineamiento, pues simpatizan con la idea de que es mejor que dicha asamblea sea sólo de voceros, es que el lineamiento aprobado se definió “casi a las 11 de la noche” y que se dijo claramente que “en la siguiente reunión se especificaría” ese acuerdo.

Universidad Iberoamericana (11 de junio)

En la asamblea de la Ibero, la discusión de este punto fue difícil. La comisión de “logística”, que no fue nombrada por ninguna asamblea, se asume como la guardián de las asambleas plenarias, tomando decisiones que no le corresponden.

Se fijó el inicio de la asamblea a las 10 am, la vigilancia extrema y la cerrazón de algunos compañeros impidieron que eso fuera realidad. Al principio se permitió la entrada de voceros, pero no de la demás gente. Había vigilancia a la entrada, por parte del personal de la Universidad, pasabas dejando tu credencial de elector; luego, había un segundo retén en el estacionamiento, donde “logística” separaba a la gente que no era vocera, en dos grupos: “observadores” y “representantes de organizaciones”.

Es importante destacar que la figura de “observadores” fue un invento de esta comisión. El acuerdo es que la asamblea es abierta y con voz para todos los que quepan en el lugar en cuestión.

Tuvieron mucho tiempo a los asistentes bajo el rayo del sol. El que quisiera ir al baño debías ir resguardado por alguien de logística, que se cerciorara que saldrías rápidamente de nuevo al estacionamiento.

Tiempo después, dejaron pasar a los estudiantes al tercer reten, montado en la entrada del auditorio. Ahí, la comisión de logística se puso bastante agresiva con la gente que quería entrar. Cuando la asamblea comenzó, el auditorio estaba muy por debajo de su capacidad. Habían dicho que al auditorio le cabían 600 personas, pero ahí modificaron, asegurando que sólo entrarían 300.

Hubo que protestar para que dejaran pasar a los “observadores”. Dentro de la asamblea se discutió dos horas el punto. La comisión de “logística” mentía descaradamente, diciendo que afuera habían 120 personas que querían entrar, y que dentro sólo habían 50 lugares.

Afuera se hizo una lista, con los que realmente querían pasar a la asamblea, y eran 58 personas, no 120, pues algunos que sólo iban un rato, aceptaron quedarse afuera a ver los monitores. Cuando una compañera subió a la mesa a informar eso, un tipo de logística le arrebató el micrófono.

Argumentaron algunos voceros, cosa replicada insistentemente por la mesa encabezada por una alumna del Posgrado de la UNAM (que concuerda con la idea de que las asambleas deben ser cerradas) que no podía entrar más gente porque la institución no lo permitía, por “seguridad”, y que debíamos “respetar las reglas de la Ibero”. Dos estudiantes contestaron que cuando llegaron los candidatos presidenciales el auditorio estaba a su máxima capacidad, con mucha más gente, y que en esta ocasión podía ser lo mismo. Había muchos espacios vacíos, pasillos muy grandes donde cabían varias filas más de asientos. Más tarde los de vigilancia interna de la Ibero informaron que al auditorio le cabían más personas, pero que se les dijo que sólo metieran ese número de sillas.

Cuando ya se avisoraba una solución, corrieron el rumor de que “estaba llegando uno o dos camiones de los estados”, así que nadie podría entrar hasta que llegara el tal camión. Los de los estados, que ya estaban dentro del auditorio en el área de organizaciones sociales, desmintieron la información. No les quedó de otra más que decidir que entraran los “observadores”.

Se les “dejó” entrar, bajo la acotación de que “sólo podían observar” y que a la primera muestra de desobediencia serían “desalojados” del lugar.

Era una asamblea fuertemente controlada y segregada. Los de logística impusieron, sin discusión de ninguna asamblea, y respaldados por algunos miembros de la asamblea (la mesa incluida) que comulgan con que las asambleas no sean abiertas, que adelante iban los voceros, separados de todos los demás asistentes.

Detrás de los delegados, pusieron una valla de seguridad resguardada por logística, para impedir que los “observadores” pudieran tener contacto con los voceros.

Esa parte de atrás, estaba a su vez dividida, por un lado con los “observadores”, y por el otro, por los miembros de organizaciones sociales junto con los compañeros de los diferentes estados.

Si un miembro de alguna organización o estado quería platicar con alguien de los “observadores”, debía ser con la valla de por medio, pero sólo unos segundos porque los de logística rápidamente llegaban a separar la conversación, a decir que nos sentáramos, que “no estaba permitido hablar en esa área”. Si salías del auditorio a hablar, también caían de logística a intervenir, a decir que teníamos representantes, que no tenía caso estar hablando ni pedir la palabra en el auditorio.

Si estabas sentado, oyendo las intervenciones, y simpatizabas con alguna y aplaudías, también llegaban los de logística, a ordenar “no aplaudas, no puedes aplaudir, eres observador”.

Existía un terror a abrir la asamblea, a que todos pudieran participar diciendo sus ideas. Eso, y no otra cosa, fue lo que alargó y provocó encono.

Decenas de intervenciones “irregulares”, de gritos de la parte trasera del auditorio, donde estaban los de los estados, pudieron haberse evitado si desde el principio se les hubieran dado los votos, al cual tenían derecho. Ocho horas pasaron, entre gritos e indignación de los compañeros llegados de diferentes estados, antes de que se les dieran los votos, “provisionales” y dos por entidad, cuando ya prácticamente todo estaba decidido. Esa propuesta, de dos votos provisionales por entidad, fue hecha por los mismos de los estados, para salvar la situación, cuando vieron que no se les querían dar sus votos. Una vez dentro del área de voceros, una representante de uno de los estados tomó la palabra para decir que, ahora que podía hablar, quería expresar que le decepcionaba tanta burocracia y falta de democracia en la asamblea.

Por otro lado, los miembros de organizaciones sociales pidieron repetidamente la voz. No voto, simplemente poder expresar sus ideas en esta movimiento que también es suyo. La mesa se negó durante horas, hasta que permitieron que “sólo 5 personas hablaran”, los miembros de las organizaciones sociales tuvieron que discutir, entre mucho malestar e indignación, cuales eran los 5 que hablarían. Finalmente se pudieron acordar 6 intervenciones, pero la mesa se negó, que debían ser “5 y ya”.

Entre las organizaciones que querían hablar, estaba la EUTPC del CLETA y el MAES, que la vez pasada tenían voto, pero esta vez se los retiraron autoritariamente, sin argumento alguno y sin discusión de ninguna asamblea. CLETA que tiene una Escuela Universitaria de Teatro Popular con decenas de artistas en formación agrupados en asamblea y que son parte del movimiento; y MAES que es un movimiento de estudiantes no aceptados, con una asamblea de 400 personas, que luchan por incorporarse a alguna escuela de educación superior. Existen argumentos a favor o en contra de que tengan votos, lo que no puede ser, decían ellos mismos, es que alguien decida retirar los votos, impedirles la entrada y segregarlos a la parte trasera del auditorio sin permitirles la voz. Lo cual, también, provocaba indignación.

Cabe señalar que no sólo los gritos venían de atrás del auditorio. También entre los voceros había molestia, principalmente por tres cosas:

  1. Que la mesa estructuró una orden del día que no correspondía con los resolutivos de asamblea. En diversos momentos, voceros pidieron que las asambleas leyeran sus propuestas y planteamientos, pero la mesa no lo permitió.
  2. En ese mismo sentido, se presionó la votación de un documento de “principios” del movimiento, que no había sido discutido por ninguna asamblea (más que la de Derecho-UNAM), a pesar del llamado de diversos voceros de que no se podía aprobar un documento de principios que las asambleas locales no conocen.
  3. La mesa sólo le daba la voz a un número reducido de personas, aunque hubiera manos levantadas de muchas otras escuelas. En un punto de discusión, se abría la lista de oradores, y se levantaban muchas manos. La mesa decía “sólo voy a permitir 5 o 10 intervenciones”, y decidía arbitrariamente quienes hablaban. Curiosamente eran los mismos de siempre.

La discusión del punto 2 arriba citado, fue revelador. Había un conjunto de voceros, mayoritariamente de la UNAM, que decían que no se podía votar hasta que las asambleas conocieran el documento, mientras que otro conjunto de voceros decían que ellos son representantes, que sus asambleas “confían en ellos” y que podían votar sin consultar a su asamblea local. Se trata, evidentemente, de dos visiones de lo que significa ser “vocero” o “representante”.

Finalmente, tras varias horas de tensa discusión, la mesa dice que se votará si los voceros son los que tienen derecho voz y voto. Ante pregunta expresa de uno de los voceros, la mesa dice después de definir eso se votaría si los observadores y miembros de organizaciones podrían tener derecho a voz. Cosa que no ocurrió, se asumió que “sólo los voceros hablan” y se impidió de facto que los asistentes que no son voceros pudieran hablar, pasando por encima del acuerdo de Arquitectura.

Los miembros de la “comisión de logística”, que defendían que sólo los voceros pueden hablar, rompieron constantemente su propia idea: intervinieron las veces que quisieron, sin haber sido nombrados en ninguna asamblea. Y no sólo eso, al final de la asamblea, alguien de logística dijo que ellos habían decidido no dejar pasar a nadie de los “observadores” en la siguiente plenaria. Cuando un alumno de la mesa hizo la aclaración de que esa decisión no podía ser tomada por ellos, otra persona de logística le arrebató el micrófono.

La discusión de la plenaria no se agotó. Faltó discutir el plan de acción. Se decidió que al otro día continuaría la asamblea en el auditorio Lenin del IPN, pero que “ningún observador podía ir”, porque “no caben en el espacio”. Es decir, acordaron una asamblea donde ni siquiera pudieran estar compañeros sin derecho a voz, sino simplemente así, a puerta cerrada.

Auditorio Lenin, IPN (12 de junio)

Se impidió la entrada a los asistentes que no eran voceros, rompiendo nuevamente con el acuerdo original.

El auditorio Lenin del Poli es más chico, dijeron entre 200 y 250 personas, pero sí cabía un conjunto de estudiantes más. No llegaron todos los voceros de las escuelas, y afuera estaba un número bastante más reducido de “observadores”.

En esta ocasión, tras horas de espera, la comisión de logística le dijo a los asistentes a los que se les impidió la entrada que si querían decirle algo a los voceros, para que se tomara en cuenta, se los dijeran a ellos y se comprometían a hacerlo llegar a la plenaria o a las comisiones.

La discusión fue menos ríspida que el día anterior, pero por dos cuestiones: uno, los puntos eran más operativos, pues se discutía el Plan de Acción; y dos, porque se trabajó en comisiones gran parte del día.

Cuando, al final del día, se discutió nuevamente el lineamiento de las asambleas, si son abiertas o no, volvieron los desencuentros, los gritos, etc.

Esta relatoría, como se nota, es sobre el ambiente de discusión, para ver los acuerdos concretos a los que se llegaron véase por favor el acta oficial en yosoy132.mx.

Hasta aquí la relatoría. A continuación, algunas apreciaciones nuestras.

Tras la asamblea del Poli, algunas personas afirmaron que la discusión estuvo mucho mejor, “sin presiones de los observadores”. Hay formulaciones que incluso dicen que estos querían “reventar” la asamblea de la Ibero. Falso.

La asamblea de la Ibero fue desgastante porque logística y algunos miembros de la asamblea afines a la idea de que la asamblea debe ser cerrada, se encargaron de imponer un clima de hostigamiento, en un espíritu totalmente antidemocrático que por supuesto genera encono.

Si se hubiera permitido, desde el principio, sin tanto reten ni vigilancia, la entrada a todos; si le hubieran otorgado los votos a los estados desde el principio; si la mesa no hubiera actuado con tanta cerrazón; si se le hubiera dado la voz a los miembros de las organizaciones, y a los asistentes miembros de las asambleas de las escuelas (todo ello decidido en Arquitectura explícitamente), no hubiera habido tal cantidad de gritos e interrupciones.

En la asamblea del Poli, sí fue más tranquila la discusión, pero no porque no hubiera “observadores”, sino porque los puntos a tratar eran más operativos y se tocaron en comisiones. Pero al final de la asamblea, cuando se tocó el punto de las características de la plenaria, volvió a ser lo mismo. No se puede asumir la posición simplista de “que no vayan los observadores para tener reuniones tranquilas y eficientes”, como se ha dicho en algunas asambleas estudiantiles; de lo que se trata es de respetar los acuerdos, y discutir lo más ampliamente posible el punto, en todas nuestras asambleas, para definir claramente si las reuniones son abiertas o no, o qué tan abiertas, etc. Que logística no se imprima la responsabilidad de acatar o romper con este punto.

Pero mientras no sea cambiado, la asamblea debe continuar con el lineamiento original: son abiertas y con voz para los asistentes. Cualquier otra cosa, es una violación a nuestro propio acuerdo.

Por lo demás, nunca las asambleas del movimiento estudiantil han sido, por principio, cerradas. Sólo en 1968, algunas reuniones tuvieron que ser a puerta cerrada, pero fueron la excepción, no la regla. El espíritu democrático y abierto de los estudiantes no han permitido asambleas cerradas que se conviertan en un grupo de dirección de facto del movimiento.

Pensamos que la dirección debe ser de masas, y para ello, las plenarias del movimiento deben discutir sobre la base de los resolutivos de las asambleas, y deben tomar en cuenta la voz de todos, a puertas abiertas, sin miedo a la discusión ni a la gente de nuestro movimiento.

Asambleas cerradas se prestan a la manipulación, a malos entendidos, y le quitan a la masa la definición del movimiento.

Pugnamos por la unidad, y creemos que esto sólo es posible si nos tratamos con respeto, sin guaruras de logística, sin que nadie te calle agresivamente, sin que se te coarte el derecho a la palabra. El movimiento es de todos.

Por una mejor estructura, amplia, incluyente y democrática, las asambleas del movimiento #YoSoy132 deben ser abiertas, con voz a todos y voto sólo para los voceros, como se acordó en la primera asamblea interuniversitaria de Arquitectura.

Estudiantes de Filosofía, Economía, Ciencias, CCH Oriente, Políticas, FES Zaragoza, Posgrado, profesores y profesores adjuntos

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