Los asentamientos israelíes
Una guerra silenciosa en Cisjordania.
Alberto Rojas * 11 enero 2024
https://www.elmundo.es/autor/alberto-rojas.html
Israel arma a las milicias de colonos que fundan asentamientos en territorio palestino junto a ciudades afines a Hamas
Un joven palestino atraviesa el 'check point' entre Jerusalén y Cisjordania, con el muro y las torres de vigilancia al fondo.
El conductor palestino se tensa de repente, porque el check point que tenía que aparecer tras la curva no está. En cambio, lo vemos unos 200 metros más allá, en la rotonda que ahora tenemos enfrente.
- No hagas ningún movimiento raro. No saques el teléfono. Que no se te ocurra hacer fotos.
Al menos 10 soldados israelíes acompañan a un puñado de civiles que, ataviados con una kipá, empuñan armas de guerra. También hay varias mujeres. Uno de ellos nos da el alto. Son milicianos colonos. Los que están en la garita nos apuntan con sus M16. Bajamos la ventanilla.
- Somos periodistas.
- ¿Habéis fotografiado el check point?
- No.
- Muéstrame las fotos.
Una a una pasamos las imágenes en la pantalla de la cámara. Nos hacen borrar dos o tres imágenes que no tienen nada que ver con esa escena. Fotografían nuestra documentación y cuando se cansan y se relajan, nos dejan en paz. En ningún momento pierden las formas.
"Hemos tenido suerte", dice Mohamed. "Podían habernos tenido horas allí. A la mínima sospecha te disparan".
- ¿La ley les permite eso?
- ¿Qué ley?
Entramos en Beita, una de las poblaciones clave para entender la actual guerra silenciosa que se libra en Cisjordania mientras que todo el mundo pone el foco en Gaza o en los enfrentamientos con Hizbulá en el norte de Israel. Se encuentra entre Ramala y Nablus y se asienta en el fértil valle del Jordán, entre campos de olivos. En esta región, desde el 7 de octubre, ya se cuentan más de 200 palestinos muertos, miles de heridos y cientos de detenidos. Lo llaman West Bank, aunque algunos ya le han cambiado el nombre por el de Far West de Palestina. Un hombre se cruza ante nuestro coche al galope sobre un caballo, pero no estamos en una peli del oeste.
Como le sucede a la Franja de Gaza, pero con una estrategia diferente, también se trata de un territorio en disputa. El Gobierno de Benjamin Netanyahu, en su unión con partidos de extrema derecha israelí, aceleró desde su toma de posesión la política de asentamientos en Cisjordania. Ahora cada pocas colinas vemos asentamientos en alguna de estas tres fases: primero colocan unos containers de metal, donde viven los primeros colonos. Después comienzan las obras, los edificios, las infraestructuras urbanas. La tercera fase es una ciudad al completo, con tiendas propias y un muro con torretas de vigilancia alrededor. Entre la primera piedra y la última no pasan más de dos años, lo que requiere un enorme gasto en recursos y logística para trasladar y construir en lo alto de las montañas.
Asentamientos israelíes junto a pueblos palestinos.ALBERTO ROJAS
Ahmed Bani, cojo por culpa de un balazo en la rodilla izquierda cuando tenía 16 años, trabaja en la Administración local de Beita. En la puerta, un cartel recuerda a los últimos 12 adolescentes muertos de esa cosecha de odio que este conflicto va dejando por el camino. Nos lleva a la montaña más próxima, donde sus habitantes plantan naranjos y limoneros. Frente a ellos se levanta una de esas ciudades a unos cuantos cientos de metros más arriba. Si quisieran dispararnos desde allí, la visibilidad y la distancia son perfectas.
- ¿Por qué las construyen en lo alto de las colinas y no en las zonas bajas, como vosotros?
- Buscan puntos estratégicos. Arriba es más sencillo defenderlas. Esa que tenemos allí, por ejemplo, controla la carretera principal entre Nablus y Ramala.
- ¿Podéis ir a sus ciudades?
- Jamás se nos ocurriría. Hemos intentado protestar contra su construcción, porque han invadido nuestras tierras y demolido nuestras casas, pero nos han recibido a tiros.
Ahmed habla de las milicias judías. El Gobierno de Netanyahu decidió armar a los colonos, en la creencia de que eso desmotivaría a los palestinos, pero la tensión no hace más que crecer. Muchos miembros de estos grupos son ultraortodoxos del grupo Poder Judío, uno de los partidos aliados de Netanyahu y uno de los máximos impulsores de la política de asentamientos. Estos grupos se dieron a conocer en el norte de Cisjordania el pasado verano.
Una de estas milicias llamadas con el nombre bíblico de Samaria mató el pasado mes de agosto a 12 palestinos que se manifestaban cerca de su asentamiento. Desde entonces, y con una enorme carga de impunidad y polémica, las muertes se han multiplicado. "Los medios israelíes están confundidos", escribe Itamar Ben-Gvir, el ministro de Seguridad Nacional y líder de una comunidad de colonos sobre las críticas que su política ha provocado en su propio país: "Un judío que se defiende a sí mismo y defiende a otros de los palestinos no es un sospechoso de asesinato, es un héroe que recibe todo mi apoyo".
"Muchos israelíes de Tel Aviv odian a estos ultraortodoxos que vienen aquí", comenta Mohamed, un periodista local. "Ellos no trabajan, sólo cobran de los impuestos del Estado y están exentos del servicio militar, pero Israel los quiere para que tengan muchos hijos y colonicen toda Cisjordania. Si no los encuentran en Israel los buscan en Ucrania, en Rusia o en la misma Etiopía. Les ofrecen dinero a cambio y los trasladan aquí". En hora y media de conducción vemos decenas de asentamientos a poca distancia unos de otros, una doble administración que se solapa con la existente en Cisjordania. "Ellos controlan el agua, la electricidad y el resto de recursos", comenta Mohamed. "Tienen todas las de ganar para hacerse con nuestra tierra".
REACCIÓN DE LA POBLACIÓN LOCAL
La otra cara de esta política creciente de asentamientos, que va ganando terreno en territorio palestino, es la propia reacción de la población local. Cisjordania lleva décadas en manos de Fatah, o sea, la Autoridad Nacional Palestina antes del venerado Yasir Arafat y ahora del denostado Abu Mazen. La gran mayoría de los jóvenes, descontentos con el inmovilismo de Mazen, apoyan a Hamas. "Es que Fatah lleva años consintiendo esto y robando nuestro dinero", cuenta Mohamed. "Es un negocio familiar que está conectado con los intereses de Israel, no con los nuestros. Jamás les pediríamos que provocaran una guerra, pero al menos que levanten la voz en los foros internacionales".
En el territorio por el que viajamos se intercalan ciudades afines a Hamas como Seluat o Aroura, en la que nació el recientemente eliminado Saleh al-Arouri, el número dos de la organización terrorista, con asentamientos de judíos ultraortodoxos armados hasta los dientes por su propio Gobierno. Nadie quiere dar un paso atrás.
Faiz Bani Mufleh, un joven de 20 años, se presentó el pasado 11 de noviembre con una bandera palestina frente a la urbe en contrucción que levantan los colonos al otro lado. Recibió un balazo en el ojo como recordatorio de que las tierras antes podían ser de su familia, pero que ahora ya no le pertenecen. "A veces no quieren matarte, sólo herirte, pero lo hacen para que te duela de por vida. Las dos partes del cuerpo elegidas son las rodillas o los ojos. De esas nunca te recuperas. Usan balas 'dumdum' de esas que entran dentro y explotan sin salir", comenta Faiz mientras prepara un café árabe con cardamomo. Este reportero insiste en fotografiar su cara con el reciente ojo de cristal que le han puesto tras tres cirugías, pero sólo permite un retrato de lado.
Salimos de Beita y nos dirigimos, atravesando de nuevo el check point de los colonos, hacia Huwara. En esta ciudad los bulldozer acaban de derribar un edificio porque su dueño escribió, siempre según la versión palestina, un post en Facebook en contra de Israel. No sabemos si es cierto, pero del edificio sólo quedan escombros. Varios colonos atraviesan la avenida principal con dos banderas en su coche: la estrella de David en una y una especie de torre medieval en la otra sobre fondo azul. "Es la bandera de estos colonos. Lo de la fortaleza les define a la perfección, porque viven amurallados", cuenta Mohamed.
Antes del 7 de octubre, Israel no esperaba un ataque de Hamas en Gaza, pero sí en Cisjordania. Ese error de cálculo y de Inteligencia por parte de Netanyahu y sus ministros se estudiará en las universidades de Historia, pero eso no significa que la información sobre los riesgos de una escalada en Cisjordania fuera equivocada. No es una guerra como la que vemos en Gaza, pero nadie llamaría paz a vivir así.
La red de asentamientos que destaca en las colinas más altas se completa con la construcción, ya muy cerca de Ramala, de un megacentro comercial muy parecido a los de las grandes ciudades españolas. Estos lugares son sólo para los judíos. Ningún palestino puede acceder a ellos, pese a que se levantan en lo que se supone que es Palestina. Hasta existen gasolineras palestinas y gasolineras judías. Nadie osa parar en una que no sea para su gente. Vemos una recién inaugurada, con carteles luminosos en hebreo y una tienda-cafetería junto a ella. Un grupo de cinco soldados israelíes toman algo que parece té fuera de un blindado. Pregunto a Mohamed:
- ¿Qué pasa si decidimos detenernos en esta estación de servicio?
- Que no nos dejan entrar.
- ¿Probamos?
- Mejor no.
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