domingo, 19 de febrero de 2012

Renace la lucha magisterial

Los Brigadistas 16
Febrero 2012

 1. ¿Contra qué luchan los maestros?

El 31 de mayo de 2011, Elba Esther Gordillo y Alonso Lujambio firmaron otro más de sus pactos contra los maestros: el acuerdo para la evaluación universal. En él se establece que todos los maestros en servicio de escuelas públicas y privadas se tienen que someter a una evaluación en la que el 50% de la calificación que puede obtener un maestro dependerá de las calificaciones de sus alumnos en la prueba Enlace (Aprovechamiento Escolar) y el otro 50% será por “méritos” de los propios maestros (Competencias Profesionales). Esta segunda parte está dividida en: 5% por el resultado de un examen general al que se deberán someter cada tres años, 25% dependerá de la evaluación que hagan de su trabajo las autoridades correspondientes con base en “instrumentos” que decretará la SEP y el otro 20% se basará en el resultado de los cursos que se les obligue a tomar después de observar los errores de sus alumnos en la prueba Enlace, y otros cursos. El primer examen general se aplicaría este año a los maestros de primaria, el año que entra sería el de los maestros de secundaria y en 2014 se aplicaría a los maestros de preescolar y educación especial.
Unos días antes, también en mayo de 2011, Lujambio y Gordillo impusieron una reforma a la carrera magisterial en la que los factores de evaluación quedaron así: 50% al resultado de sus alumnos en prueba Enlace de los alumnos, 20% a los cursos de actualización, 10% a la preparación profesional y la antigüedad, y 20% a las actividades extra clase evaluadas por el consejo técnico escolar. Pero como la inserción en este programa es optativa, decidieron además, imponer la evaluación universal obligatoria. Esta es la razón por la que el acuerdo del 31 de mayo establece que los resultados que los maestros obtengan en la evaluación universal “serán considerados para acreditar los factores” del programa de Carrera Magisterial y Estímulos económicos. También queda claro que esos resultados se harán públicos.
Aunque el acuerdo no establece qué ocurrirá en caso de que algún maestro no obtenga una buena evaluación, es claro que el próximo paso será establecer una calificación mínima para que un maestro pueda mantener su trabajo.
El magisterio democrático ha empezado a movilizarse contra este nuevo golpe. La campaña de desprestigio de los medios se ha centrado en decir que no quieren ser evaluados porque su trabajo es malo y en seguir señalándolos como los responsables de los malos resultados del sistema educativo nacional.
  1. La evaluación del maestro mediante exámenes a sus alumnos
Para empezar, al evaluar a los maestros a través de los resultados de sus alumnos en la prueba Enlace, se quiere obligarlos a que acepten el currículo impuesto por la SEP, sin cuestionarlo. Además, la experiencia con estas pruebas demuestra que lo que se genera es un trabajo en el aula centrado en preparar el examen. Obligan al maestro a dejar de pensar en cómo enseñar mejor o qué experimentos o actividades desarrollar para construir el conocimiento, lo central ya no puede ser qué tanto han comprendido sus alumnos porque ahora deben dedicarse a entrenarlos para que contesten bien el examen. Este tipo de evaluación hace que deje de estar en el centro de la escuela el niño mismo y su aprendizaje, y en su lugar se pone al rendimiento escolar como lo entienden los burócratas de la SEP.
Un buen examen puede ser un instrumento para medir el conocimiento, pero, además de que Enlace no es un buen examen, no todo aprendizaje puede evaluarse con exámenes. Hay aprendizajes importantes que sólo pueden mostrarse o que se muestran mejor en la aplicación del conocimiento en situaciones concretas, en la comprensión y resolución de problemas (abstractos o prácticos). Por otra parte, hay diferencias importantes entre las personas en cuanto a ritmos, estilos y estrategias para aprender y para resolver problemas, y los enfoques basados en instrumentos iguales para todos no consideran estas diferencias. Por tanto, no se puede afirmar que un niño que no obtiene una buena nota en este examen, no ha aprendido nada en su educación básica.
  1. La evaluación de las competencias profesionales
Nadie puede cuestionar que es necesario que los maestros desarrollen una permanente actualización de sus conocimientos. Esto puede hacerse de manera colectiva, ayudándose unos a otros, compartiendo y contrastando experiencias y fuentes, intercambiando opiniones sobre distintos cursos y sobre materiales en línea. No con base en un examen estandarizado y una evaluación externa de las autoridades.
En un examen no es posible evaluar aspectos importantes de lo que es un buen maestro, como su sensibilidad para detectar problemas de los niños y adolescentes, su capacidad de acercarse a los alumnos y sus familias, su creatividad para desarrollar los mejores métodos para enseñar con los limitados recursos con los que cuentan la mayoría de las escuelas públicas. Alguien que obtenga la mejor nota en un examen puede ser un maestro muy malo, porque le falte la vocación necesaria. Además de lo anterior, el examen general que aplicarían año con año a distintos sectores de maestros de todo el país, será seguramente muy costoso. Se invertirán en él recursos que hacen falta en las escuelas y en las aulas.
Por otro lado, es muy probable que la evaluación de los jefes mida más qué tanto los docentes han hecho lo que ellos quieren que si son buenos maestros o no.
  1. ¿Quiénes son responsables de la mala calidad de la educación?
La calidad de la educación no tiene que ver con preparar a los alumnos para ser parte del engranaje neoliberal y triunfar en la competencia, sino con contribuir a crear en ellos un anhelo de superación y un impulso por ser cada vez mejores personas. En lugar de la competencia, los principios empresariales y la evaluación brutal que determina quiénes son los buenos maestros, los mejores alumnos y las escuelas de excelencia, el movimiento democrático siembra en los estudiantes valores como la solidaridad, el respeto, la comprensión y el apoyo a los más débiles y a quienes más lo necesitan.
Muchos maestros de educación básica no sólo dan clases, sino que se acercan a las familias para tratar de entender y apoyar a sus alumnos, buscan todo tipo de formas de fortalecer en ellos los valores humanos que pueden ayudarlos en su vida. Y no son pocos los maestros que compiten con el dinero rápido que ofrece el narcotráfico y la delincuencia para retener a sus alumnos en las aulas.
Este trabajo extracurricular se ha vuelto mucho más difícil, y a la vez mucho más importante, con el enorme daño que ha hecho el neoliberalismo a nuestro pueblo. Nos ha dejado una sociedad cada vez más desigual y han ido dejando cada vez más desamparadas a las familias al eliminar pensiones, debilitar el servicio médico gratuito, destrozar contratos colectivos, o de plano aventando a millones a trabajar en las calles sin ninguna prestación. Esta situación favorece mucho el individualismo en los niños y sus padres.
Los que ahora nos vienen a hablar del “mejoramiento de la calidad de la educación” son los mismos que han impuesto el modelo neoliberal a sangre y fuego, son los responsables, en buena medida, del inmenso daño social que afecta a los niños mexicanos. ¡Y nos dicen que los responsables de la mala calidad educativa son los maestros! Se les olvida que no se puede lograr una educación adecuada si los alumnos no cuentan con una buena alimentación, con salud, con seguridad física y emocional, con un hogar; no se puede si las familias no tienen un ingreso económico que les permita cubrir esas necesidades elementales y básicas para el desarrollo de cualquier ser humano.
Porque el maestro luchando también está enseñando, ¡apoyemos la lucha magisterial!

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