martes, 27 de octubre de 2015

Ante el cambio de rector en la UNAM

En los próximos días será designado el nuevo rector de la UNAM para el periodo 2015-2019. Es indudable que esta designación afectará el futuro inmediato de nuestra universidad en todos los terrenos, desde su funcionamiento académico, los contenidos de las carreras y el tipo de proyectos que contarán con apoyo oficial, hasta las contrataciones y el funcionamiento administrativo de la institución. 
1. La estructura de gobierno de la UNAM: yo te nombro, tú me nombras, nosotros nos nombramos.

El rector es nombrado por la Junta de gobierno que está integrada por 15 personajes. Para elegir a quien dirija una Universidad con 338 mil estudiantes, 39 mil académicos y 25 mil trabajadores, basta que 10 de los 15 miembros de la Junta avalen a un candidato, ¡y nada más!

Los integrantes de la Junta de gobierno, son nombrados por el Consejo Universitario. Cada año, el Consejo designa a un miembro de la junta que sustituye al más antiguo de sus integrantes, así como a los reemplazos de quienes llegan a la edad límite (70 años) o dejan ese órgano por incapacidad, enfermedad o muerte. Desde que José Narro llegó a la rectoría, han sido nombrados 14 de los 15 miembros de la Junta actual.

La parte del Consejo Universitario que en los hechos decide todo lo que se aprueba en esa instancia, es el colegio de directores. Y cada uno de los directores es nombrado por la Junta de Gobierno de una terna de candidatos enviada por el rector en turno.

Así que, en resumen, la Junta de gobierno nombra al rector, el rector y la Junta de gobierno nombran a los directores y los directores, desde el Consejo Universitario, nombran a la Junta de gobierno. ¡Bonito círculo vicioso!

Este antidemocrático esquema, que facilita a los grupos de poder mantener el control de la UNAM y reproducirse en el seno de nuestra universidad, está vigente desde 1945. Resulta cuando menos ridículo que la máxima casa de estudios de nuestro país, padezca un mecanismo para la elección de su rector que difiere bastante poco del humo blanco con el que se indica en el Vaticano que ha sido designado un nuevo papa. Ya saldrán los integrantes de la Junta a decirnos “habemus rectorm”.

Se dice que la comunidad universitaria participa en el proceso de cambio de rector a través de una supuesta auscultación que realiza la Junta de gobierno. Pero nadie, más que los integrantes de la Junta, puede saber qué opinan quienes mandan cartas o piden cita, y cientos de miles de universitarios realmente no tienen la menor posibilidad de opinar. Como además la decisión final recae exclusivamente en los miembros de la junta de gobierno, y es inapelable, lo real es que se trata de un nombramiento amafiado y completamente al margen de la comunidad universitaria.

Lo que suele ocurrir es que la rectoría queda en manos del grupo que logra colocar más de sus afines como integrantes de la Junta a lo largo del rectorado anterior, o bien en manos de quien el gobierno federal decide imponer.

2. Los candidatos
Hay dos candidatos que representan claramente a EPN: Sergio Alcocer y Francisco Bolívar Zapata. Es indudable que Peña Nieto tiene mucho interés en controlar al movimiento estudiantil, en determinar el contenido de la educación que se imparte en la mayor universidad del país, y en aplicar las políticas dictadas desde el Banco Mundial y la OCDE contra las que se han levantado los estudiantes cada vez que ha sido necesario detenerlas. En esencia, estas políticas buscan arrebatarle a los de abajo el derecho a la educación superior gratuita y de calidad, por todos los medios posibles.
Sergio Alcocer fue director del Instituto de ingeniería, miembro de la Junta de Gobierno y en 2011 ocupó la Secretaría General de la UNAM, es decir, el segundo puesto después de Narro. Dejó ese puesto para irse con José Antonio Meade a la Secretaría de Energía de Felipe Calderón, desde donde trabajó intensamente por la reforma energética. Cuando Meade salió de Energía, Alcocer fue Coordinador de innovación y desarrollo en la universidad. Volvió al servicio de Meade a la Secretaría de Relaciones Exteriores, ya con Peña Nieto, ahora como Subsecretario para Asuntos con Norteamérica, puesto al que renunció para regresar a la UNAM con la declarada intensión de ser el nuevo rector. En resumen, Alcocer ha perseguido afanosamente puestos en el gobierno federal, con el PAN o con el PRI, regresando a la universidad en lo que consigue el próximo. Entre quienes han hecho público su apoyo a Alcocer, hay varios funcionarios y ex funcionarios del grupo de Narro.

Francisco Bolívar Zapata estuvo fuertemente ligado a los grupos que encumbraron al rector Francisco Barnés, derrocado por la huelga estudiantil de 1999-2000, fue miembro de la Junta de gobierno, de donde se fue para formar parte del equipo de transición de Peña de Nieto, y para quedar después como encargado de ciencia y tecnología de la presidencia. Jugó un papel central en la elaboración y en la aprobación la Ley de bioseguridad de los organismos genéticamente modificados, conocida como Ley Monsanto por la empresa que más se benefició de la aprobación de esta ley, con la extensión del cultivo de transgénicos en nuestro país.
La llegada de cualquiera de estos dos personajes a la rectoría, representaría para los estudiantes, una amenaza frente a la que debemos estar preparados, porque es indudable que tratarán de aplicar las políticas de la OCDE y el Banco Mundial que Peña Nieto ha impuesto en todo el país.

Entre los candidatos está Rosaura Ruiz, directora de la Facultad de Ciencias, que agrupa a buena parte de la izquierda liberal e institucionalizada de la Universidad. Varios de los personajes de esta corriente, accedieron a puestos en la estructura universitaria como premio a su labor contra la huelga estudiantil del 99-2000. Y está Enrique Luis Graue, director de la facultad de Medicina, reconocido por su incondicionalidad sin reparos a José Narro.

También se han apuntado varios otros funcionarios: Juan Pedro Laclette, coordinador general de posgrado, Fernando Castañeda, director de la facultad de Ciencias Políticas, Hernández Bringas, coordinador de planeación, y otros. Ninguno de ellos representa los intereses de los universitarios y es claro que en caso de llegar a la rectoría, defenderían a los grupos de poder que los encumbren.
3. La defensa de la educación pública y gratuita, y la democratización de la UNAM
Que quede claro desde ahora el compromiso de esta generación de estudiantes de defender con toda nuestra fuerza y nuestra inteligencia, lo que las generaciones anteriores defendieron y nos heredaron. No permitamos retrocesos en la defensa de la educación pública, gratuita y de calidad en nuestra universidad. Echemos atrás los cobros ilegales y las trabas que en los hechos se han ido imponiendo al pase automático de bachillerato a licenciatura.
Impulsemos medidas que permitan ampliar el acceso a la UNAM y la permanencia en sus aulas, sobre todo de los jóvenes a los que más trabajo les cuesta estudiar.

Las políticas privatizadoras y excluyentes, que en los hechos van transformando a la UNAM, no sólo se expresan en aumentos en las cuotas y en todo tipo de cobros, sino también en la orientación que se le imprime a las carreras y posgrados, y en poner el trabajo académico de investigadores y becarios al servicio de las necesidades de grandes empresas nacionales y trasnacionales. En lugar de ello, defendamos el carácter crítico de la educación en la UNAM y la vinculación de su trabajo académico a las necesidades de la inmensa mayoría de los mexicanos, que son quienes, con las ganancias que produce su trabajo y con sus impuestos, hacen posible nuestra educación. Que florezcan todo tipo de iniciativas de vinculación de los estudiantes con los campesinos, indígenas y trabajadores del país, en especial, con los contingentes en lucha por evitar el despojo y defender el derecho a la tierra, al agua, a la alimentación, al trabajo y a la educación, es decir, el derecho a una vida digna.

La asignatura pendiente es, sin duda, la democratización de la estructura de gobierno. No es una tarea sencilla, pero debemos empezar a discutir cómo avanzar en ese terreno, cómo transformar la forma en que se toman las decisiones y se distribuye el presupuesto en nuestra universidad, así como en la manera de garantizar la participación realmente democrática de los universitarios en la elección de quienes ocupen los puestos. Iniciemos el camino.
Los brigadistas
Octubre de 2015



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