lunes, 26 de octubre de 2015

La Muerte tambien dice: VIVOS LOS QUEREMOS


Recorre el planeta La Muerte,
su negro velo, su negro manto,
lo sacude un viento frío y fuerte,
llevando sonidos de llanto. 

¿De dónde viene ese dolor humano?
¿Quién sin mi autorización está matando?


Flotando desciende la niña negra,
con su guadaña en la mano,
inesperada sorpresa le espera,
y ella terminará llorando.


Sus dedos rasgan los cielos,
hurgando, hurgando,
sus ojos recorren los suelos,
buscando, buscando.


La luna está menguando,
cuando de pronto hace un alto,
ella encuentra el sitio del llanto,
y, aunque parece, no es un camposanto.


Cadáveres cubriendo esa tierra,
en montaña, campo y sierra,
lo mismo en minas, que guarderías,
que en el campo y las provincias.


¿Quién provoca estas defunciones?
¿Quién usurpa mis funciones?


Ríos de sangre, y no es Irak.
Restos de cuerpos, y no es Irán.
No es Siria, tampoco Afganistán.
Tantos muertos ¿en qué lugar están?


México, tierra sagrada,
donde La Muerte no mata,
no ordena,
no manda.


Aunque México se escribe con M de muerte,
es el Gobierno la causa de nuestra suerte.
  
Muerte de periodistas,
femenicidios por doquier,
activistas en fosas clandestinas,
¡Y todavía hay más que ver!


Dizque guerra contra narcotraficantes,
y muertes como “daños colaterales”
coludidos el narco con los federales,
lo mismo con el ejército y los municipales.


Muerte de niños por hambre,
Muerte de ancianos en las calles,
Muerte de paisanos migrantes,
Muerte por recortes presupuestales.


¡Miles de muertos en sólo 3 años!
Niños, mujeres y ancianos,
México entero teñido de sangre,
yo no cauce este desastre.


Ese llanto inagotable,
mi culpa no es,
de los muertos responsable,
mi guadaña no es.


Y para sorpresa mayor,
un grito de coraje y de dolor,
la muerte oyó una y otra vez:

“¡No estamos todos, nos faltan cuarenta y tres!”


43 padres y madres esperan a sus hijos,
Miren sus fotos ¡son casi niños!


La muerte mira los rostros al derecho y al revés,
Yo no tengo a ninguno de los cuarenta y tres,
Dicen que cenizas los hicieron,
En mi reino no están, ¡los desaparecieron!


Entre las tinieblas yo mando,
más no entre los vivos,

no es mi culpa su llanto,
y sus hijos no son míos.


Sus cuerpos no me pertenecen,
no los he traído conmigo,
sus lágrimas me conmueven,
y su llanto lo hago mío.


Era tanta la crueldad,
que hasta la misma muerte se estremecía,
llorando ante tanta maldad,
se alejó mientras decía:


Porque a mí no me los entregaron,
Porque en mi reino no los tenemos,
Porque vivos se los llevaron,

¡VIVOS LOS QUEREMOS!

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