domingo, 18 de agosto de 2013

Carta Abierta a Alberto Patishtan

Los Brigadistas-UNAM
Agosto 2013

Profe Patishtan:

¿No sería mejor doblarse, decir “me equivoqué”, “perdónenme”? ¿No sería mejor callar y esperar a que la justicia llegue por sí sola? ¿No sería mejor exonerar a quienes le condenan con tal de alcanzar la anhelada libertad? Para la clase política de este país, tan acostumbrada a comprar conciencias y corromper voluntades, no sólo sería mejor sino también deseable que usted negara la verdad, guardara silencio y traicionara su vida, su historia y a los suyos. Pero resulta que un profesor humilde, campesino, indígena, no sólo no se dobla, ni se rinde, ni se traiciona sino que, contra todo pronóstico, resiste lo impensable: el dolor de la lejanía, la zozobra, el frío de la prisión; la enfermedad mal tratada y adquirida en el encierro.

Trece años en prisión significan, entre otras cosas, trece años de tortura cotidiana; trece años sin disfrutar a su familia; trece años de no ver crecer a sus hijos; trece años de no sentir las caricias de su esposa; trece años de no sentir la lluvia por su cuerpo; trece años de no respirar el aire de sus tierras; trece años de una sobrevida, una casi vida; trece años de impotencia; trece años de mentiras y mentiras; trece años de jueces corrompidos; trece años de testigos comprados; trece años de  instituciones que llevan la justicia sólo en el membrete.

Trece años en prisión significan, entre otras cosas, trece años de férrea voluntad; trece años defendiendo la verdad y el derecho de decirla; trece años de entrega plena a su familia; trece años imaginando mundos nuevos; trece años sabiéndose enteramente digno; trece años ganándole a la sobre vida, a la casi vida; trece años de firmeza inexorable; trece años de cotidiana resistencia; trece años de infinita rebeldía; trece años de ser orgullosamente diferente; trece años de una conciencia completamente limpia.

Esta es una batalla que los caciques, los presidentes municipales, los “señores”, perdieron desde siempre porque no comprendieron, ni comprenderán, que vale más el apego a una causa, a una idea, que todo el dolor y la impotencia nacidos de una celda. Ellos que pretendieron humillarlo, son los humillados. Ellos que pretendieron derrotarlo, son los derrotados.


Usted saldrá pronto. Lo veremos sonreír y marchar con nosotros. Lo veremos sonreír y cosechar el futuro que tanto añoramos: ése que ya nace entre sus manos.

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