viernes, 7 de octubre de 2011

Chile, 2011

Los Brigadistas #14


Cuatro meses de movilización estudiantil en Chile ponen de manifiesto el agotamiento del sistema educacional impuesto desde las altas esferas que dirigen el saqueo mundial llamado neoliberalismo, y que en Chile fue implementado a sangre y fuego por la dictadura pinochetista.


Pero detrás de estos cuatro meses, el pilar de la impresionante movilización estudiantil viene de años de lucha en que esta generación de jóvenes chilenos se ha venido formando al calor de las movilizaciones. Se trata de un movimiento que ha ido madurando sus posiciones y planteamientos  sobre el problema de la educación en Chile y ha llegado a formular una demanda precisa, concreta, que afecta directo al corazón de quienes se hacen millonarios a costa de las necesidades del pueblo, que rescata uno de los derechos elementales que los chilenos perdieron con la dictadura: educación gratuita para todos. Esta generación, se alimenta en su lucha de la frustración ante las promesas gubernamentales incumplidas, del hartazgo de una forma de vida a la que los han sometido el endeudamiento, la precarización laboral, la segregación social, la inseguridad con respecto al futuro. La indignación acumulada es mucha, y de ese tamaño es la fuerza de la protesta de hoy.



Cada marcha, cada espacio de discusión, cada toma de cualquier escuela o institución educativa, cada plática al seno de la familia chilena, contribuye a la tarea de aumentar y reforzar la claridad con que el pueblo chileno ha abrazado el contenido esencial de esta gran movilización social. El gobierno de Piñera, la recalcitrante derecha chilena e incluso los grandes defensores del pensamiento neoliberal, han perdido la batalla ideológica: hoy la demanda de la educación gratuita ha ganado el debate en contra de los grandes medios de comunicación, de las agresiones e intentos intimidatorios del gobierno, de los defensores del neoliberalismo y, sobre todo, ha ganado la simpatía de cada chileno que hoy se convence de que es posible y deseable un sistema educativo distinto.


Desde luego, el debate en torno a la educación gratuita tropieza con el reparto y el destino de los recursos públicos, producto del trabajo de todos los chilenos. El gobierno ha tratado de salirse de la exigencia sólo aduciendo la falta de recursos para sostener un sistema educativo gratuito que aspire a dar cobertura a toda la demanda nacional, pero el movimiento ha demostrado que la gratuidad es posible. Por supuesto, esto requiere un cambio total en la concepción de la sociedad toda, requiere dejar atrás la lógica según la cual el capital privado es la solución a todas las incapacidades del Estado, se trata de romper la lógica de que la educación es un negocio (el segundo más rentable para los bancos, sólo después de las tarjetas de crédito) y dejar de entregar recursos a quienes se benefician del lucro con uno de los más elementales derechos humanos; se trata de hacer efectiva la completa responsabilidad del Estado en garantizar de manera real y efectiva este derecho básico, del cual han estado completamente excluidos sobre todo los que menos tienen.

El gobierno chileno, por supuesto, no está interesado en romper con esa lógica. En las mesas de diálogo ofrece sólo más becas condicionadas a criterios que excluyen a muchísimos, más créditos, más formas de pago por la educación, es decir, más de lo mismo. La negativa de los estudiantes a aceptar nada menos que la reconquista del derecho a la educación ha llevado al gobierno a intentar la salida violenta, la intimidación al amenazar con que se perderá el año escolar, a la división interna, a la componenda cupular a espaldas del movimiento, todo sin éxito. La perseverancia y claridad del movimiento, sumado al inmenso apoyo popular que ha concitado a su alrededor, se ha impuesto hasta ahora.


Aún así, la batalla no está ganada. Los sectores del poder en Chile parecen dispuestos a no ceder, no quieren perder ni un centavo de sus ganancias y son muy fuertes los intereses en mantener la situación como está. La juventud chilena ha dado pasos agigantados en la consecución de una demanda que cambiaría para bien a toda una sociedad que aún sufre los estragos del golpe de Estado de 1973, y que además modificaría los dogmas con que el neoliberalismo ha acaparado la educación en América Latina para hacerla botín de unos cuantos. Algo muy profundo ha cambiado en Chile, en el interior de cada chileno, éste es por ahora el mayor éxito del movimiento estudiantil.

Aún queda camino por recorrer, aún habrá muchas trampas que enfrentar, pero confiamos en un movimiento tan masivo, tan firme, tan claro en sus objetivos. Hoy lo jóvenes chilenos han empezado ya a cambiar la historia, y están decididos a anotar una más de las grandes victorias del campo popular en la lucha por un mundo mejor, que además, es posible.













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