lunes, 18 de octubre de 2010

Con artimañas y corrupción, Peña Nieto se abre paso

Los Brigadistas 10
Octubre 2010



Enrique Peña Nieto arribó a la gobernatura del Estado de México en septiembre de 2005. En 5 años, su equipo político ha concentrado sus esfuerzos en un objetivo central: la implementación de una campaña para ganar la próxima elección presidencial. Con una inversión anual cercana a los mil millones de pesos, el eje de esta campaña ha corrido por cuenta de la cadena nacional más poderosa en medios: Televisa. No pasa una semana sin que el gobernador aparezca varias veces en la tele, en varios de los periódicos nacionales y en medios electrónicos; a nivel estatal tiene prácticamente todos los medios a su disposición. La población mexiquense soporta la intensa campaña mediática también en carteles colocados en taxis, micros, anuncios espectaculares y bardas, sea por cuenta de los recursos públicos o a cargo de los múltiples aduladores.



El 3 y 4 de mayo de 2006, Peña Nieto lanzó una salvaje represión contra los campesinos de San Salvador Atenco, en coordinación con el gobierno federal panista de Vicente Fox. Entre golpizas, violaciones y asesinatos, dejó muy claro que buscaría aplastar a los rebeldes; y con esa ley ha gobernado. Con la mira puesta en el 2012, ese mismo año en una reunión de empresarios gringos, presumió de ser el organizador de aquel operativo en Atenco y Texcoco. Con la misma actitud ha reprimido a los contingentes de indígenas mazahuas que se movilizan para defender el agua en el Valle de Toluca, a los maestros que intentaron conformar un sindicato independiente, a los colonos de la Alianza del Valle que exigen el cierre de un relleno sanitario que envenena a sus familias, y a los pobladores de Valle de Chalco afectados por el desbordamiento de aguas negras que inundó sus colonias, entre otros contingentes que han osado denunciar las atrocidades de su gobierno.



Peña Nieto echa mano también de las alianzas apropiadas para fortalecer su proyecto político. Es más que conocida su cercanía con Carlos Salinas de Gortari, y varios de los excolaboradores del ex presidente son estrategas del equipo de trabajo del gobernador-candidato. Uno de sus mejores aliados es, por supuesto, el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean quién encontró en Peña Nieto a un cliente muy generoso. La más reciente de estas alianzas es la que acaba de estrenar con Elba Esther Gordillo, quién negoció su apoyo a Peña Nieto en el Estado de México a cambio de que se eliminara el paquete de reformas electorales que provocaría que el PANAL, el partido de la maestra, se quedara sin diputados plurinominales. A estas alianzas hay que sumar la lealtad que le guardan varios gobernadores priistas, encabezados por la gobernadora de Yucatán, y 45 diputados federales liderados por Luis Videgaray que mueven los hilos a su favor dentro del congreso.



En 2011 habrá elecciones locales en el Estado de México y Peña Nieto no está dispuesto a correr riesgo alguno: el futuro gobernador tiene que ser no sólo de su partido, sino también de su grupo político dentro del PRI. Para ello, ya implementó varias reformas en el Estado de México. Para empezar, la dudosa autonomía del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), desapareció por completo con el decreto de que debe rendir cuentas al congreso estatal, en el que el PRI tiene la mayoría. Para continuar, redujo el tiempo de campaña para facilitar el triunfo del candidato con más proyección en los medios, o sea, el suyo. Y además, limitó las posibilidades de alianzas de los otros partidos, que en la desenfrenada carrera por alcanzar el palacio de gobierno, ya no se acuerdan que uno le robó la presidencia al otro y que han sido enemigos toda la vida: el PRD y el PAN.



En una palabra, este señor hace lo que quiere para que nadie le estorbe en su camino a la presidencia: se congratula con los de arriba reprimiendo a los de abajo que se atreven a levantar la voz, ajusta las disposiciones legales a sus necesidades, se alía con quien quiere y boicotea las alianzas de los otros, etcétera.



Como gobernador, Peña Nieto ha ejercido el presupuesto más cuantioso de la historia del estado, que rebasa los 130 mil millones, pero sólo ha rendido cuentas del 2% de ese presupuesto. Y mientras su campaña presidencial va viento en popa, en el Estado de México se vive una situación alarmante: ocupa el segundo lugar en secuestros y extorsiones, el primer lugar en robos de autos, el cuarto lugar en muertes maternas; 23% de los feminicidios nacionales suceden en ese estado y permanecen impunes, 18% de sus municipios están bajo el control de grupos delictivos y se han registrado 327 ejecuciones en su mandato. El desempleo creció casi al doble en 5 años, 7 millones de mexiquenses viven en pobreza extrema, existen 700 mil ninis en el estado y la universidad pública estatal rechaza a 13 mil 700 jóvenes al año.


En el movimiento social estamos obligados a desenmascarar a Peña Nieto y cerrar filas desde ahora para ser una permanente piedra en su camino, siguiendo el ejemplo de los atenquenses. Que le quede claro que no nos vamos a doblegar frente a la amenaza que representa.

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