domingo, 12 de septiembre de 2010

Amenaza y hostigamiento de URO contra el plantón de mujeres y niños de Copala en Oaxaca


Plantón del Municipio Autónomo de San Juan Copala en la Ciudad de Oaxaca sin violencia física pero si psicológica…



Septiembre 11, 2010
Columna Rota
Verónica Villalvazo

Oaxaca de Juárez 10 de septiembre 2010; desde las once de la noche del jueves 9 de septiembre empezó la duda, la incertidumbre, de un posible desalojo a los manifestantes que se encuentran en el corazón de la capital, entre ellos las mujeres en resistencia de San Juan Copala, empezaron a vivir lo peor que hay para todo ser humano, el no saber qué pasará, la noche del jueves, los niños más pequeños nuevamente sacaron su vocecitas “Copalaaa, Vive”, era lo que sus pequeñas gargantas emitían entre las risas de las mujeres que los acompañan, entre ellas sus madres.
A la una de la mañana llegó la primera llamada, el llanto de los niños se escuchaba por el auricular del teléfono, una de ellas comentó “ya están aquí, puede venir”, no había otra intención al llamar a la prensa más que el que fueran testigo de lo que posiblemente podría ocurrirles.

Poco a poco la prensa llegaba al zócalo, algunos al pasar por las boca calles eran cuestionados por los policías que se encontraban ya instalando las mallas de seguridad, para con esto evitar ante la amenaza de organizaciones de comerciantes que entraran a instalarse a vender.

Los golpes en los escudos escondían a quienes los ejecutaban abrazados por la obscuridad de la fría madrugada, los gritos de firmes, dirigidos solo a un elemento, hacían pensar que eran varios los elementos que estaban cerca, la intención de que quien gritaba era precisamente esa hacer pensar a los inconformes que eran mucho más de los 2000 elementos que se encontraban cercando el zócalo.

Las mujeres de Copala, ante eso solo se limitaban a decir que no les tenían miedo, cuando la mayoría de la prensa era más visible, aproximadamente a las cuatro de la mañana, ellas trataron de dormir un poco, junto a los pequeños que acurrucaban sus cuerpecitos, buscando calor.

Los funcionarios aproximadamente a las seis de la mañana iniciaron el desfile de explicaciones por la plaza, dando respuesta a los cuestionamientos de la prensa sobre la presencia policiaca, sin embargo, al señalar ellos que no había violencia, la percepción en ellas era equivocada, la zozobra, el miedo de que las lastimaran otra vez, ya no en Copala, ahora en Oaxaca ejercía esa violencia psicológica que pocas veces se acepta que existe;
Ellas no entraban en el tema, ellas no están en Oaxaca para instalarse como comerciantes, “vendemos nuestros productos para subsistir en esta ciudad, porque aquí todo cuesta” , una ciudad que muy lejos está de los paisajes a los que ellas están acostumbradas, aquellos que justo la noche del jueves compartieron con quienes se encontraban en el zócalo acompañando un poco su estancia.

Paisajes que traen en su memoria y que recuerdan con dolor el cómo los disfrutaban cuando eran libres, cuando el municipio autónomo empezaba a crecer y la violencia parecía detenida un poco contra ellas, algunas jóvenes no recuerdan haber vivido tanta violencia como la que han padecido los últimos diez meses.
La pasarela de policías generaba esa violencia psicológica, del terror, del miedo, la violencia engendrada en la historia de las mujeres mayores y que los pequeños han conocido estos meses.
La presencia de los medios de comunicación, la lucidez de los que hasta el momento no han mostrado mucha (el gobierno estatal), el miedo a un nuevo escándalo, ellas no saben qué fue, pero afortunadamente el desalojo no se llevó a cabo, y por lo pronto esta noche pudieron otra vez dormir, sin quitar de sus mentes la idea de que en algún momento alguien ya sea en el zócalo de Oaxaca o en San Juan Copala, las pueda lastimar.

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