viernes, 6 de agosto de 2010

Televisa y su generoso cliente Peña Nieto


Enrique Galván Ochoa
La Jornada

Está cerrando vigorosamente la venta de publicidad política en Televisa este fin de año gracias a un cliente muy productivo: el gobernador Enrique Peña Nieto. El programa Navidad mexicana en el Vaticano, descubriendo sus sitios secretos, en horario triple AAA del sábado, transmitido por Canal 2, debió generarle, según la opinión de expertos, cuando menos 4 millones de euros. Fue una producción costosa, realizada en la Basílica de San Pedro y el Museo del Vaticano, tuvo como estrellas principales al papa Benedicto XVI, a varios cardenales, a 10 obispos mexicanos, incluido el pripánico de Ecatepec, don Millonésimo Zepeda, encabezados por Carlos Aguiar Retes, presidente de la Conferencia del Episcopado, a Lucero y como co-conductora a la corresponsal Valentina Alazraky. El mensaje subliminal del reality show, en el que entraban y salían a escena ángeles y demonios, fue demostrarle a los mexicanos lo guadalupano y devoto que es Peña Nieto. Y a los jerarcas eclesiásticos cuán obsequioso sería con la Iglesia católica de llegar a Los Pinos. Y ya en el plano personal anunciar urbi et orbi su próximo religioso matrimonio con La Gaviota, con la bendición papal. ¿Estaba consciente el papa Ratzinger que al abrir las puertas de la sede vaticana de algún modo estaba dando su aval a uno de los aspirantes a la Presidencia de México? ¿Quiere decir que ya descartó a Beltrones, Cordero, Ebrard, López Obrador? ¿O simplemente no pudo resistir la presión de Televisa, a la que debe tanto su Iglesia? Eso ya se aclarará más adelante, por lo pronto, el grupo Azcárraga llega al final de año con muy buenos números, a pesar de la recesión.

Su ADR (paquete de acciones) en enero de este año se cotizaba en Nueva York a 14.82 dólares, y está concluyendo el año a 20.55. Si usted hubiera adquirido 10 mil de esos papeles hoy tendrían un valor de 205 mil 500 dólares, habría ganado 157 mil 300. Pocas compañías rindieron tan generosas ganancias a los inversionistas. Y todo por tener a clientes como el místico Peña Nieto.

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