domingo, 27 de septiembre de 2009

¡Zelaya de regreso!

Los Brigadistas #2

El 27 de enero de 2006 Manuel Zelaya Rosales, miembro del Partido Liberal, asume la presidencia de Honduras. Ante la voracidad de las grandes compañías petroleras internacionales, como Shell, Texaco y Esso, Zelaya se ve presionado. Virar hacia Venezuela encontrando mejores condiciones en los contratos petroleros y, posteriormente Honduras se integra al ALBA, UNASUR y Petrocaribe, organismos de integración regional para formar un bloque de contención contra las medidas económicas y políticas yanquis que quieren seguir saqueando a los pueblos del continente. Además, Zelaya va retomando algunas de las principales demandas históricas del pueblo hondureño aun en contra del gran capital.
El castigo: un golpe de estado el 28 de junio, planeado y financiado por la rancia derecha de Honduras, encabezada por un pequeño grupo de empresarios y terratenientes que controlan los principales diarios,
los canales de televisión, la banca, la agroindustria, empresas energéticas y de la construcción hondureñas. Entre 10 y 15 empresarios pretenden terminar de un plumazo con un gobierno surgido de las filas de la alta burguesía terrateniente, pero que al virar hacia gobiernos progresistas (Cuba, Venezuela, Ecuador) y hacerse eco de algunas demandas populares, atentaba contra su voluntad y contra su poder. Los golpistas colocaron a Roberto Micheletti al frente del gobierno.
El día del golpe de Estado estaba planeada una consulta popular para decidir si se formaba una Asamblea Constituyente, tomando el ejemplo de Venezuela en donde la formulación de una nueva constitución facilitó la aplicación de políticas para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población.
Ante la bota militar en las calles, los hondureños reaccionaron con creciente indignación y de inmediato empezaron a organizar la resistencia. Durante 83 días consecutivos el pueblo hondureño no para de luchar con paros nacionales, frentes locales, regionales y departamentales, masivas movilizaciones, plantones, cierres de carreteras y tomas de edificios públicos. Día tras día el pueblo lucha y resiste; no acepta la dictadura impuesta a garrote, cárcel y asesinatos. Ninguna medida del los golpistas ha podido contener la efervescencia política que sigue creciendo en Honduras.
A lo externo del país, la condena de los gobiernos de América y de otras partes del mundo al golpe de estado, fue prácticamente unánime. Hay diversas posiciones entre los gobiernos que se han manifestado: los gobiernos progresistas en Latinoamérica se han comprometido fuertemente en el apoyo a la resistencia hondureña. Otros, simplemente no están de acuerdo con la forma. Oscar Arias, presidente de Costa Rica, presentó una propuesta, apoyada entre otros por Felipe Calderón, que en realidad ofrece a los golpistas una vía para retractarse sin perder nada, porque en ella se ata de manos a Zelaya a cambio de permitirle el regreso a Honduras. Sin embargo, esta propuesta fue rechazada por los golpistas y por la resistencia hondureña. El gobierno de Estados Unidos se unió a las declaraciones condenatorias, pero no retiró la ayuda económica y militar a los golpistas.
La derecha hondureña y Micheletti han convocado a elecciones para el mes de noviembre. Se trata de una táctica que pretende dividir al movimiento y demostrar que el golpe al pueblo es irreversible, que no habrá Asamblea Constituyente, ni un país más que se sume al polo contrario a los intereses imperialistas.
El día lunes 21 de septiembre, Zelaya regresa a Honduras, se refugia en la embajada de Brasil. El pueblo se vuelca a las calles a darle la bienvenida, a pesar del estado de sitio decretado por los golpistas. En todas las provincias la población se moviliza hacia Tegucigalpa. El ejército toma las carreteras para impedir el paso. La población burla retenes. En la ciudad el pueblo se concentra alrededor de la embajada brasileña a la que los golpistas han cortado la electricidad y las comunicaciones, y se encuentra fuertemente rodeada por ejército y policía que amenaza con tomarla para llevar preso a Zelaya. El pueblo está dispuesto a impedirlo. Cientos de miles de hondureños movilizados en todo el país, enfrentando nada más con sus cuerpos, con sus gargantas, sus manos, sus mantas, su valor y su coraje a los cuerpos policiacos y militares fuertemente armados con tanques y todo tipo de armas.
El país es un polvorín. La moneda está en el aire. El desenlace afectará la correlación de fuerzas en todo el continente. La solidaridad con el pueblo de Honduras es urgente. ¡Apoyemos a nuestros hermanos hondureños!

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