domingo, 30 de agosto de 2009

Un shock contra el pueblo

Los Brigadistas #1

Calderón, al ser cuestionado por la crisis, aseguró en diversas ocasiones que “México tiene una de las economías más sólidas del mundo”, “las finanzas públicas de nuestro país son más fuertes que nunca; tenemos bases económicas sólidas”. Dijo incluso que la crisis “lo emocionaba”. Carstens, el secretario de Hacienda, minimizó la adversidad en nuestro país, calificándola como un “catarrito”.
Por supuesto, tratan de engañar al pueblo. Desde entonces tenían clara la situación real del país, pero en medio de la campaña electoral que se vivía en la primera mitad del año, se valía todo: mentir, ocultar información, aparecer como los que tienen controlada la situación, aun cuando después, los costos fueran altísimos para la vida de millones de familias mexicanas, al fin que esas, está por demás sabido, son despreciables para los que se han beneficiado de la administración gubernamental durante décadas.
Ya no es momento de propaganda, pasadas las elecciones, la oligarquía prepara las condiciones para dar un tremendo golpe al pueblo, y salir bien librada de la crisis, o al menos, lo mejor posible. Que los de abajo paguen los costos de la crisis que ellos generaron, es la consigna.
¿Y de qué tamaño será el golpe? ¿Más grande que el Fobaproa? ¿Más grande que el rescate carretero o el bancario? Pues veamos, si nos dicen que estamos en el peor “shock” de los últimos 30 años, no podemos más que imaginar que lo que se traen entre manos, es algo que no hemos visto como sociedad en décadas, que el atraco que se viene será gigantesco, por supuesto, suponiendo que el pueblo es manco y no protesta, ni se organiza, ni lucha para evitarlo, cosa que está por verse.
Ya el aparato calderonista se prepara para el zarpazo. “Todos tendremos que sacrificarnos”, nos dice el presidente, como si el pueblo de México no lo hubiera sacrificado ya todo, la educación, salud y alimentación, la jubilación y pensión, los bancos, las carreteras, los teléfonos, los ferrocarriles, la justicia y la tranquilidad. Pues no les basta, ahora nos piden más “sacrificios”, mientras ellos, los dueños de las grandes empresas y el gobierno se sirven con la cuchara extragrande de los recursos del país. Uno por ciento menos a las Universidades Públicas, y ni un peso menos al salario de los magistrados corruptos de la Suprema Corte; recorte a los ya de por sí raquíticos programas sociales, y el IFE, legitimador de los recurrentes fraudes electorales, cediendo a principio de año 3 mil 600 millones de pesos a los partidos políticos, que cada vez más representan a las mafias que los componen, y a nadie más, por dar sólo dos ejemplos. Es de suponer (tal vez ingenuamente, concediendo que les preocupa ganar terreno político) que, para ganar legitimidad, un diputado por ahí no se compre auto nuevo este año, o algunos funcionarios se paguen menores seguros de vida, o el congreso de algún estado no se dé el bono millonario de fin de año, pero no será más que eso, una pantomima de austeridad. No sería la primera vez que se quitan un peso, para regresárselo con creces después del saqueo general contra el pueblo.
¡Bonita situación la que tenemos! Primero privatizan todo y ahora se quejan de que no tienen de dónde obtener recursos más que del petróleo y las remesas (en caída libre por la contracción económica). Y nuevamente los tecnócratas que nos llevaron a esta situación, nos recetan más de lo mismo: no hay recursos para encontrar más petróleo, pues privaticemos PEMEX para que la inversión privada pueda hacerlo; tenemos un boquete fiscal nunca antes visto, pues aumentemos impuestos, endeudemos más al país, recortemos el gasto social y subamos precios de la electricidad y la gasolina. Lo que causó la enfermedad, es lo que nos recetan los doctores neoliberales.
En Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia, países latinoamericanos que han optado por otros caminos, distintos a los impuestos por el capital trasnacional, se invierte, se estimula el consumo del pueblo, se tejen alianzas de integración social y económica para paliar los efectos de la crisis, y han tenido buenos resultados. En los mismos centros de la economía mundial, Europa, China y Estados Unidos, desde otra lógica, defendiendo sus propias empresas y compitiendo por la hegemonía, pero los gobiernos están aprobando históricas sumas de dinero, millones de millones de dólares para contener la caída en la producción, regresan impuestos y establecen seguros de desempleo para estimular el consumo. ¿Y aquí?, pues justo lo contrario, se recorta el gasto, se reducen los subsidios y se aumentan los impuestos, reprimiendo el consumo, ahorcando con ello la producción nacional, y aumentando la pobreza y el desempleo a niveles exorbitantes. Basta ver las recientes cifras que otorga el INEGI, que aun con su respectivo maquillaje, nos dan una idea de la situación del país: 10 millones de mexicanos más en la pobreza sólo en los tres primeros años del mandato de Calderón; aumento de hasta el 6.12 en la tasa de desempleo; y una caída en picada del Producto Interno Bruto, con una reducción del 10.3% en el segundo trimestre de este año. Son mezquinos e ignorantes los señores del poder en México, no les importa el desarrollo social, les interesa su capital invertido y su ganancia inmediata, y están dispuestos a sacrificar el futuro del país con tal de conseguirlo.
Indignante y tramposa, resulta la forma en que presentan el problema. Lo hacen ver como algo que nos golpeó de repente, como rayo que cae del cielo y destruye lo que encuentra a su paso. ¿A quién culpar? ¡A nadie!, pues los rayos caen sin preguntar ni pedir permiso. En este sentido, Calderón está en campaña, en radio, televisión, prensa; millones de pesos gastados en seguir intentando marear al pueblo, en vez de ser usados para lo que urge, proteger a los más necesitados, combatir el hambre, contener el aumento del desempleo, etc. La lógica con la que enfrenta la crisis económica el gobierno, es similar a la que utiliza frente al problema del narcotráfico, con aquella frase de que el problema de la drogadicción es que “los jóvenes no creen en dios”. Igual con la crisis, no es culpa de las malas políticas económicas utilizadas, no es culpa del modelo neoliberal ni del devastador sistema capitalista; “¡vino de fuera del país!”, dicen.
No podemos aceptarlo. La crisis no es destino manifiesto, los responsables tienen nombre y apellido, y el fondo del problema está a la vista de todos. Por más que hagan “dolorosos” ajustes, nada se resolverá si no se modifica sustancialmente, de raíz, la base económica sobre la cual el hombre debe competir con su hermano, dejar atrás a sus compañeros, meterle el pié al de junto; nada cambiará, y se irá generando una crisis social y ambiental cada vez mayor, si no transformamos profundamente este sistema económico en que dar de comer a los coches, es más importante que alimentar a los niños; sanar las finanzas es preferible que dar atención médica gratuita al pueblo. Es el capitalismo con el que tenemos que acabar, no modificar todo para salvarlo y seguir alimentando al monstruo de la crisis, que a cada vuelta regresa con más furia destructiva contra los pueblos del mundo.



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