jueves, 13 de agosto de 2009

Carta abierta a José Narro Robles

...y todos los rectores de las Universidades Públicas del país

En México, cada vez son más los estudiantes rechazados de la educación superior. Por decenas de miles, una multitud de creatividades e ingenios son echados a la calle cerrándoles las puertas de la UNAM, del IPN, de la UAM y prácticamente de todas las universidades públicas del país.

El rechazo a los jóvenes que aspiran a seguir estudiando, es una ofensa al pueblo. Cualquier país debería ejercer su mayor empeño en desarrollar todas las potencialidades de su juventud, por elemental justicia, pero también para alcanzar el desarrollo económico, social y cultural de los sectores más maginados, la inmensa mayoría en este país.

Este año las cifras oficiales son verdaderamente alarmantes: en la UNAM, al menos el 92% de los aspirantes a ingresar vía examen de admisión, son rechazados; a lo más 8 de cada 100 de ellos logran entrar. Pero el fenómeno no es propio de la Universidad Nacional, sino prácticamente de todas las Instituciones de Educación Superior; en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, por ejemplo, de cada 10 aspirantes, sólo ingresan en promedio 3.2, y hay que ver cuántos de ellos efectivamente terminarán antes de ser arrancados de la educación por la actual crisis económica.

En la máxima casa de estudios, el rechazo este año representa a una masa de más de 105 mil jóvenes, a los que les será negado su derecho a la educación mediante un examen-filtro, en los que el Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL) se ha vuelto experto, expulsando jóvenes de abajo, en todos y cada uno de los estados de la república, aplicando una verdadera coladera social que deja en ventaja a los alumnos con más recursos económicos, pues estadísticamente salen mejor en este tipo de exámenes, lo cual no quiere decir que sean los más “aptos” o los más “inteligentes”, ni mucho menos que tengan más derecho que los estudiantes de escasos recursos, sino que, tan sólo muestra que tuvieron más y mejores condiciones de estudio, por no tener que trabajar, porque no carecieron de buena alimentación, ni de vestido, ni de transporte, vivienda, recreación, etc.

En la Facultad de Medicina de la UNAM, encontramos uno de los casos más indignantes, la institución sólo ofrece 177 lugares, ¡ciento setenta y siete!, para un cúmulo de 8 mil 717 que pidieron ingresar vía examen de admisión. ¿Qué pasa? ¿Ya hay suficientes médicos en el país? ¿Ya el pueblo de México goza de los consultorios, clínicas y hospitales necesarios, llenos de doctores, para procurar una buena salud entre la población, con los adecuados sistemas de prevención de enfermedades? La respuesta la sabemos todos, está en nuestras narices.

En el estado de Chiapas, por ejemplo, de 4 millones 293 mil habitantes, más de un millón no tienen acceso a centros de salud alguno. Todavía en México mueren 15 niños por cada mil que nacen vivos, cuando países con mucho menos recursos, pero con un gran empeño en la formación y educación de su población como Cuba, tienen un promedio no de 15 ni de 10, sino de 4.7 muertos por cada mil nacidos vivos. En México mueren cada día más de 100 niños por diarrea, neumonía y otras enfermedades curables. De cada 100 muertes de infantes en nuestro país, 4 son de otra enfermedad de la pobreza: las infecciones respiratorias mal atendidas. Y en el estado de Oaxaca, durante los primeros tres años de mandato del gobernador Ulises Ruiz, murieron en promedio, por desnutrición, 1.7 oaxaqueños al día. Todos ellos podrían salvarse con programas básicos de atención a la salud y algunos antibióticos. En esta situación, decirle a un joven que quiere estudiar medicina que “no cabe”, es algo inadmisible, irracional e inhumano. Nadie puede aceptarlo, pero está pasando en todo el país, en Guerrero, Chiapas, Oaxaca, en Chihuahua, Sonora, en Morelos, el Estado de México y el Distrito Federal, en todas las Universidades que administran ustedes, señores rectores, negando la fuerza que podría dotar a nuestro país de un sistema de salud, que salvaría millones de vidas y elevaría la calidad de vida de toda la población.

Lo mismo cabe para las ingenierías por el tema de la falta en infraestructura en todo el país; de la ciencia y la tecnología de que carecemos; de la historia y la pérdida de identidad nacional que avanza; de la economía por la falta de proyectos alternativos para construir una sociedad diferente al sistema capitalista que nos han impuesto, sistema que condena a millones a la ignorancia y la miseria; ya no digamos, al menos, para contrarrestar esta crisis que nos empuja al desastre general.
En cualquier área, en cualquier carrera; necesitamos estudiantes, no desempleados; necesitamos a los jóvenes en las aulas y no en la calle, no en las cárceles, no en bandas que roban o secuestran, no el narcomenudeo. Requerimos de su ingenio y su vitalidad. Rechazarlos es un crimen que es muy fácil erradicar, ofreciéndoles la oportunidad, el lugar en la educación al que todos tienen derecho, pero que ustedes, señores rectores, junto con los gobiernos locales y el gobierno federal, se empeñan en negarles.

Por razones ajenas a la voluntad del pueblo y de los universitarios del país, son ustedes rectores de nuestras universidades, y desde ese lugar que detentan han demostrado que no les interesa en nada la educación ni la juventud, ni los problemas reales de la población (a los que es posible contribuir a resolver desde las universidades); han demostrado que son ustedes absolutamente incapaces de resolver los problemas reales de la educación; y que esos puestos no los ven, más que como botín político y económico para sus intereses personales y de partido.

Hemos conocido la propuesta que lanzó la UNAM, junto con 35 universidades más, para abrir 10 mil nuevos espacios, no presenciales, para los estudiantes que aspiran a la educación superior. Esto es una muestra más de que no les interesa en nada resolver el problema. Saben perfectamente que no son 10 mil los rechazados, sino más de un cuarto de millón. Sumados los 105 mil rechazados de la Universidad, con los de otras instituciones públicas de educación superior, al menos 250 mil estudiantes esperan uno de esos lugares que Narro y 35 rectores más pretenden ofertar. Pensando sólo en ellos, y no en el mar de expulsados de años pasados, necesitaríamos multiplicar esos 10 mil espacios por 25, y convertirlos en educación presencial, para apenas salir al paso del déficit de este año.

Cualquier propuesta en la materia, si se presume de seria, debe tomar en cuenta las condiciones reales de nuestra población. La CONAPO ha informado que en el próximo año, 2010, tendremos en el país el máximo histórico de población de entre 16 y 18 años, con 6 millones 651 mil jóvenes que están a las puertas de demandar espacios en la educación superior. Preparar las condiciones para recibirlos sin rechazar a uno sólo, haciendo efectivo su derecho constitucional a la educación, es posible considerando el mar de recursos económicos, humanos y de infraestructura con el que cuentan las universidades públicas.

Sí es posible hacerle frente al problema y resolverlo. Actualmente las universidades públicas no están ocupadas a su máxima capacidad, desde ahora caben más alumnos en las aulas, es posible impartir clases los fines de semana para nuevos estudiantes; se pueden dar cursos en horarios mixtos y nocturnos; se pueden ocupar auditorios y salas que la mayor parte del tiempo permanecen hoy vacíos; y se pueden construir más escuelas en lugar de cárceles (para las cuales, como la anunciada nueva prisión de máxima seguridad en Sinaloa, sí hay presupuestos millonarios).

El proyecto de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM, originalmente de 4 turnos, contemplaba la construcción de 10 planteles, sólo se construyeron 5. El tema de la educación media superior es preocupante, pues estos también son expulsados, o en el mejor de los casos orillados a desertar al ser ubicados por el CENEVAL en planteles que los alumnos no desean. Pues, así como deberíamos tener más Preparatorias y CCH’s como Universidad Nacional en varios estados de la república, requerimos más Facultades de Educación Superior (FES), de las que actualmente tenemos. Y en el mismo sentido, las Universidades Públicas en el interior del país, requieren un crecimiento urgente, para abrir más espacios físicos a los estudiantes.

La misma Universidad Autónoma Metropolitana informó sobre la construcción de un nuevo campus en el Estado de México, como este, se necesitan muchos más, en todo el país. La UNAM, como decenas de instituciones públicas de educación superior, tiene los recursos para construir y ampliar los espacios físicos, sólo que se malgastan en exceso de burocracia, en las pensiones vitalicias de los ex-rectores, en los tantos proyectos de investigación ligados a empresas trasnacionales, en los elevados sueldos de los directores y funcionarios de todas las dependencias. Si existiera una voluntad real para incrementar los espacios, muchos de estos recursos serían redirigidos para ello.

Nada medianamente serio se les pudo ocurrir a ustedes, señores rectores. Ante un déficit de más de un cuarto de millón de aspirantes a las universidades, y ante el incremento que habrá en unos años, se les ocurre ofrecer sólo 10 mil lugares y no presenciales, en el ciberespacio. Se equivocan señores, los jóvenes no están pidiendo limosna. Con esto no hacen más que mostrar sus miserias, su falta de seriedad, su falta de imaginación, su incapacidad y su nula voluntad para hacer realmente frente al problema.

Algunos de ustedes, con José Narro a la cabeza, plantean la necesidad de aumentar el presupuesto educativo. ¿Para qué quieren esos recursos? ¿Para ampliar la oferta educativa? ¿O para mostrarse ante el pueblo como una alternativa frente a sus adversarios políticos, usando el anhelo a estudiar de millones de jóvenes como un botín político? Esta última es la respuesta, pues su llamado no está acompañado de acciones, que hagan pensar que existe algún viso de transformación del proyecto elitista de Universidad que ustedes sostienen desde las rectorías, en las universidades del país. Sí, las universidades públicas requieren mayor presupuesto y requieren también que el manejo de esos recursos sea transparente, y que la decisión sobre su uso recaiga en instancias colectivas de estudiantes, profesores y trabajadores, no en las autoridades universitarias que los manejan a su antojo y conveniencia.

Tantos talentos y capacidades en este país, no pueden seguir truncados por la terquedad, la ceguera y la hipocresía de las autoridades gubernamentales, educativas y de las instituciones públicas de educación superior.

La ampliación de la matricula escolar en educación presencial superior, José Narro y señores rectores, es algo impostergable.

CGH-Ho Chi Minh, Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA), Comité de Universitarios de Izquierda de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, estudiantes de la FES-Acatlán, El Pregón-Morelos…

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